Aprender a vivir el instante presente a la luz de la sabiduría gnóstica
Por Labán Jhotam
Todo instante que el hombre pierde en el recuerdo del ayer o en la ansiedad del mañana es un instante robado a la única realidad que jamás miente: el Ahora.
En el corpus doctrinal legado por Samael Aun Weor, la pregunta por el tiempo no es un ejercicio de especulación filosófica, sino una cuestión de vida o muerte psicológica. El tiempo, enseña la Gnosis, no existe en sí mismo como una sustancia que fluye independiente del observador: existe únicamente como una función de la mente, un artificio que el intelecto construye para ordenar sus propios contenidos, sus recuerdos acumulados y sus proyecciones imaginarias. El pasado es memoria; el futuro es deseo disfrazado de expectativa. Solo el instante presente ese filo inasible donde la eternidad toca la existencia es real, concreto, verificable por la experiencia directa.
El ser humano ordinario, sin embargo, rara vez habita el presente. Vive escindido entre la nostalgia y la anticipación, entre el remordimiento y el temor, arrastrado por lo que la psicología gnóstica denomina el «yo psicológico»: esa multiplicidad de agregados, de sujetos internos, que se disputan el control de la conciencia y que solo pueden sostenerse alimentándose de recuerdos y fantasías. El yo no puede vivir en el Ahora porque el Ahora lo disuelve; su reino es el tiempo, su alimento es la memoria, su proyección es el porvenir imaginado.
LA ILUSIÓN DEL TIEMPO PSICOLÓGICO
Conviene distinguir, como enseña la Gnosis, entre el tiempo cronológico la sucesión objetiva de los fenómenos, necesaria para la vida orgánica y el tiempo psicológico, que es enteramente subjetivo, enteramente mental. El primero es inevitable: el sol sale y se pone, las estaciones se suceden, el cuerpo envejece. El segundo es una invención del ego, y es precisamente este tiempo psicológico el que la enseñanza samaeliana invita a trascender. Vivir psicológicamente en el pasado es alimentar el orgullo de lo que fuimos o la herida de lo que sufrimos; vivir psicológicamente en el futuro es alimentar la vanidad de lo que seremos o el miedo de lo que tememos. En ambos casos, el resultado es el mismo: la ausencia. El cuerpo está aquí, pero la conciencia está en otra parte.
“El sabio no vive ni en el pasado ni en el futuro; vive intensamente el momento que pasa, el único momento real, concreto, viviente.”
Samael Aun Weor
MUERTE PSICOLÓGICA Y PRESENCIA
La vía propuesta por la Gnosis samaeliana para instalarse en el Ahora no es la simple resolución voluntariosa de «vivir el presente», tan repetida hoy en los circuitos de la autoayuda como vaciada de contenido real. Es, más bien, un trabajo interior profundo: la muerte psicológica de los agregados, es decir, la disolución consciente de la ira, la codicia, la lujuria, la envidia, el orgullo, la pereza y la gula que constituyen el ego. Cada uno de estos agregados es, en esencia, una cristalización del tiempo: un nudo de memoria y deseo que impida a la conciencia fluir libremente en el instante. En la medida en que estos agregados mueren mediante la comprensión y el trabajo consciente sobre sí mismo, la conciencia se libera de sus ataduras temporales y accede, de manera natural, a la vivencia del Ahora.
Esta muerte no es destrucción del ser, sino purificación de lo que en el ser es mecánico, repetitivo, artificial. El hombre que ha comenzado este trabajo descubre que el presente no se conquista por la fuerza de una decisión mental, sino que se revela cuando el ruido de los yoes disminuye. La presencia, en este sentido, no es un logro sino una consecuencia: se vive el Ahora en la medida exacta en que se ha muerto al pasado y al futuro que el ego fabrica.
LA VIGILANCIA COMO PUERTA DEL INSTANTE
Samael Aun Weor insistía en la práctica de la autoobservación y el recuerdo de sí como herramientas directas para instalar la conciencia en el presente. Observarse en el acto mismo de pensar, sentir y actuar sin juicio, sin comentario mental, sin identificación es la forma concreta en que la vigilancia gnóstica se traduce en vida cotidiana. Cada vez que el practicante sorprende a su mente divagando en el ayer o proyectándose en el mañana, y la trae de vuelta al instante que transcurre, ejecuta un pequeño acto de muerte psicológica: muere un fragmento de identificación con el tiempo del ego.
Esta vigilancia enlaza con la enseñanza hermética del «aquí y ahora» que recorre tanto las escuelas de misterios de Oriente como las de Occidente. El Zen, al que Samael Aun Weor hizo referencia en más de una ocasión, converge en este punto con la Gnosis: la iluminación no se encuentra en ninguna parte fuera del instante presente, y todo esfuerzo por alcanzarla proyectándola hacia un futuro espiritual es, en sí mismo, una nueva forma de evasión del Ahora.
EL AHORA COMO PUERTA A LA ETERNIDAD
Lo verdaderamente radical de la enseñanza samaeliana es que no propone el instante presente como un simple remedio psicológico para el sufrimiento, sino como la puerta misma hacia lo trascendente. En el Ahora, enseña la Gnosis, se encuentra la eternidad, no como duración infinita del tiempo, sino como dimensión distinta al tiempo, un estado en el que la conciencia despierta experimenta directamente lo real sin la mediación deformante de la memoria y la imaginación. Vivir el presente, en su sentido más profundo, es entonces un acto místico: es el punto de encuentro entre lo humano y lo divino, entre la existencia temporal del cuerpo y la naturaleza intemporal de la conciencia esencial.
“El tiempo es el gran enemigo de la felicidad; solo en el Ahora, libre de tiempo, está la dicha verdadera.”
Samael Aun Weor
UNA PRÁCTICA PARA EL BUSCADOR
De esta doctrina se desprende una disciplina concreta, accesible a quien decide tomarla en serio. Comprender, ante todo, que cada pensamiento sobre el pasado o el futuro que surge sin ser convocado por una necesidad real es alimento del ego, y que puede observarse sin identificarse con él. Practicar breves instantes de autoobservación a lo largo del día, sorprendiéndose a sí mismo en el acto de pensar, sentir y desear. Ejercitar la comprensión, no la represión, de los estados internos que arrastran la conciencia fuera del presente: comprender la ira en el instante en que nace, comprender el deseo en el instante en que se insinúa, es ya un modo de morir a ellos. Y, sobre todo, recordar que el trabajo no consiste en huir del tiempo cronológico imposible e innecesario sino en dejar de alimentar el tiempo psicológico que el ego fabrica para perpetuarse.
Quien logra, aunque sea por breves instantes, sostenerse en la vivencia desnuda del Ahora, descubre que allí no hay angustia ni nostalgia, sino una paz que no depende de las circunstancias externas. Esa paz, enseña la Gnosis samaeliana, es el primer destello de lo que el ser humano verdaderamente es más allá del tiempo: conciencia despierta, presente, eterna.
Asociación Geofilosófica Anubis


